Caracas Nuestra

Caracas le abrió las puertas del paraíso a muchos venezolanos y extranjeros que anhelaron llegar a la sucursal del cielo en algún momento. La ciudad de los techos rojos que se transformó en la capital del progreso en la región: envidia y orgullo.

Recordar los años 70 es equivalente a pensar en la abundancia de Caracas. En una discoteca de La Castellana bailaba un grupo de jóvenes lo último de Bee-Gees. En Sabana Grande unos iban a las heladerías soñando ser John Travolta u Olivia Newton-John, pero algunos estaban más emocionados al sentarse en una mesa del Gran Café a codearse con la élite intelectual latinoamericana. Eran libres, eran jóvenes, y estaban disfrutando la vida entre calles cuyos rincones oscuros no eran más que un lugar perfecto para reír o robarle un beso a alguien.